Lo que Montaner no dice cantando

El cantautor presenta su primer libro a través del cual comparte sus vivencias

Por Julio Paredes


Nueva York — El cantautor Ricardo Montaner asegura que desde temprana edad, Dios lo ha elegido para que forme parte de su rebaño y ayudar al más necesitado, sobre todo a los niños.

Así lo aseguró durante una entrevista a EL DIARIO/LA PRENSA con motivo del lanzamiento de su primer libro “Lo que no digo cantando” bajo la editorial Grupo Nelson.

Montaner nació en Buenos Aires, Argentina y se crió en Maracaibo, Venezuela, donde su padre inmigró en busca de trabajo y un mejor futuro.

En la obra cuenta sus vivencias que entremezcla con experiencias actuales con las de su infancia en Argentina y juventud en Venezuela.

“El capítulo de Siembra me recuerda mucho a Maracaibo y lo titulé así por el tema de Rubén Blades y Willie Colón -aseguró Ricardo- y en esa época despertaba en mi la necesidad de empezar a hacer cosas con la música a como diera lugar. Yo era un muchachito de 18 años y me picaba el gusanillo de cantar. A pesar de que tocaba guitarra en los lugares, ésto no me daba para comer y quería dar un golpe fuerte”. El intérprete de ‘La cima del cielo’ recordó que en ese tiempo jugaba a ser empresario y creaba proyectos de espectáculos junto a un grupo de amigos. “Un día se nos ocurrió que queríamos contratar a Rubén y a Willie que venían a Venezuela, pero no teníamos ni un centavo. Visitamos a un amigo que estaba relacionado con la Fania, a quien le decían ‘el negro Mendoza’. Logramos traer a los artistas, pero no nos percatamos que el lugar, un jardín de un instituto donde se atendían a niños con síndrome de Down que se llamaba Asupane, tenía una cerca muy bajita. La misma dividía el lugar de la calle y entonces las personas saltaban y se colaban; sólo vendimos 2,000 entradas de los casi 12,000 que se encontraban en el lugar. Esto dio justo para pagar parte de los honorarios de Rubén y Willie”, explicó.Con esta experiencia, Ricardo asegura que fue el inicio de su carrera como empresario en el ámbito musical, pero también su acercamiento a la labor social en Latinoamérica y la ayuda a niños con problemas y enfermedades como la de Down.

“Todo tiene una hilación y el punto de toda esta hilación lo da Dios. Siento que desde muy muchachito, Dios me había elegido para que fuera parte de su rebaño”, dijo.

Montaner es uno de los artistas más reconocidos en el mundo de habla hispana gracias a su incansable búsqueda de nuevos estilos musicales y, a la vez, a su firme arraigo en la tradición de la balada romántica. El cantante ha trazado un camino que lo ha llevado a presentarse en los más importantes escenarios del continente, desde el Luna Park de Buenos Aires hasta el Madison Square Garden en Nueva York, pasando por el Auditorio Nacional de Ciudad de México y el Teresa Carreño de Caracas.

“Lo que no digo cantando” no es estrictamente una autobiografía, la obra repasa los momentos y sucesos centrales de la vida de su autor, invitando al lector a presenciar la intimidad de sus giras y conciertos a nivel internacional. Ricardo se concentra en aquellos encuentros que lo alimentaron espiritualmente y desarrollaron profesionalmente.

“Creo que antes no estaba preparado para escribir. Si bien es cierto que desde hace mucho tiempo había decidido escribir un libro, nunca pensé de qué lo iba a escribir; sabía que tenía tal título del libro, pero no sabía qué iba a poner en el libro. En principios pensé que iban a ser cartas de amor o poemas, o quizás esas típicas cosas que uno guarda en las gavetas a medio terminar. Cuando me senté en diciembre a escribir, se me fue el lápiz solo hacia Dios, y lo que El a significado en mi vida”, resaltó.El propósito del libro no es servir de guía de autoayuda -advirtió Ricardo- sino que propone tocar el corazón de aquellos que no creen en Dios, más que del corazón de los que creen en Dios. “Para nada puede ser un motivo de asombro para un cristiano que yo le hable de un milagro.

Pero el que no cree se dará cuenta del paseo que les ofrezco en cada capítulo, de ese viaje a veces geográfico o de personas que he conocido y de mis experiencias. También llevo al lector a una especie de ‘trampa’ hacia el final del libro, donde hay una invitación a un análisis interior y de preguntarse cuál ha sido la equivocación de mi vida o hacia donde voy. Le doy la oportunidad de que se entere de que hablar con Dios no es tan complicado como uno se lo imagina”, agregó.

Fuente: La Prensa - Nueva York